Puebla, México.– El arte se quedó en pausa en el Museo Internacional del Barroco (MIB). Dos exposiciones que prometían dar vida a las salas del recinto —una del pintor Santiago Carbonell y otra del arquitecto Juan José Díaz Infante Núñez— fueron canceladas de manera abrupta, dejando tras de sí una nube de inconformidad, decepción y silencio institucional.
Según la versión oficial, los motivos fueron “problemas de comunicación”, “falta de recursos” y, en un caso, “presuntas plagas” en las piezas. Sin embargo, detrás de esas explicaciones, los artistas y sus familias denunciaron algo más profundo: incompetencia, desinterés y falta de respeto hacia el trabajo cultural que debía llegar a los ojos del público poblano.
Un museo millonario… con salas vacías
Las exposiciones de Díaz Infante, previstas para inaugurarse este viernes 17 de octubre, no verán la luz. En su lugar, únicamente abrirá sus puertas una muestra del arquitecto Pablo Fierro, un esfuerzo de último minuto que no logra borrar el sabor amargo de la cancelación.
En cuanto a Carbonell, su colección —que debía exhibirse el sábado 25 de octubre— tampoco llegará al MIB este año. Aun así, se mantiene la esperanza de una reprogramación para 2026, si las negociaciones con el artista prosperan.
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Entre deudas saldadas y promesas culturales incumplidas
La ironía no pasa desapercibida. Apenas unos meses atrás, el gobierno de Alejandro Armenta Mier celebraba el pago final de 2 mil millones de pesos para liquidar la deuda derivada del contrato de asociación público-privada (APP) con el que fue construido el museo durante el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas.
El mensaje era claro: con el pago concluido, el Barroco debía renacer como epicentro cultural. Pero el guion cambió. En lugar de nuevos visitantes y exposiciones de alto nivel, el recinto enfrenta críticas por su gestión cultural limitada y por decisiones que parecen más burocráticas que artísticas.
El arte que no llega también habla
Más allá de las cifras y los pretextos, lo que duele es la ausencia del arte, esa conversación silenciosa entre obra y espectador que hoy se ve interrumpida.
Cada exposición cancelada no solo representa una pérdida para el museo, sino para una ciudad que busca reencontrarse con su identidad cultural.
El arte, al final, no es un lujo: es memoria, es diálogo, es la forma en que una sociedad se mira al espejo.
Y cuando los espejos se quedan vacíos, el reflejo que vemos es el de nuestra indiferencia.
✍️ Texto escrito por Redacción Puebla En Línea
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