La historia oficial suele escribirse con la tinta de los vencedores, pero la geografía guarda una memoria terca y silenciosa. Entre las faldas imponentes del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, un nombre que durante siglos ha evocado la conquista española podría estar a punto de encontrar un nuevo eco.
Durante el arranque de la Jornada Nacional de Reforestación en el Parque Nacional Izta-Popo, en San Nicolás de los Ranchos, Puebla, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una propuesta de honda carga simbólica: dejar atrás el nombre de Paso de Cortés y rebautizarlo como el “Paso de los Pueblos Indígenas”.
En coincidencia con el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la mandataria recordó que este paraje montañoso lleva la impronta del conquistador desde noviembre de 1519, cuando Hernán Cortés cruzó la ruta con más de 4 mil hombres rumbo a Tenochtitlán, tras la masacre de Cholula. Sin embargo, el cuestionamiento de fondo es inevitable: ¿por qué el nomenclátor oficial sigue rindiendo homenaje a la invasión mientras invisibiliza a quienes ya habitaban y custodiaban la tierra siglos antes?
Puntos clave del caso
- El planteamiento: Renombrar oficialmente el histórico Paso de Cortés como “Paso de los Pueblos Indígenas”.
- Escenario y fecha: Parque Nacional Izta-Popo, San Nicolás de los Ranchos, Puebla, en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.
- Contexto histórico: La ruta de alta montaña, a casi 3 mil 700 metros de altitud, fue utilizada en 1519 por Hernán Cortés como un trayecto estratégico para su avance hacia el valle central.
- Estatus de la propuesta: Por el momento se trata de un pronunciamiento político y discursivo de la presidencia, sin un decreto administrativo o procedimiento formal concluido.
- Ruta comunitaria: El acceso conecta históricamente a entidades como el Estado de México y Puebla, cruzando por comunidades tradicionales como Santiago Xalitzintla.
Aunque la iniciativa no se tradujo de inmediato en un decreto ejecutivo formal, el planteamiento sacude la comodidad de los nombres heredados. La geografía del Izta-Popo, que hoy funciona tanto como reserva natural como ruta de alta montaña, redescubre así una discusión latente sobre el peso de la memoria colectiva en los mapas contemporáneos.
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Nombrar el territorio es también decidir qué pasado elegimos honrar. Desplazar el apellido del conquistador por el reconocimiento a los guardianes originarios de la tierra es un recordatorio de que la identidad nacional no es una pieza de museo, sino una conversación viva con nuestro propio origen.
Escrito por Redacción Puebla En Línea
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