El rastro terminó bajo un puente, donde el abandono suele esconder lo que nadie quiere ver. La tarde-noche del 22 de marzo, en el paraje conocido como “La Caldera”, en la zona limítrofe entre Puebla y Tlaxcala, fueron localizados tres cuerpos en avanzado estado de descomposición. Horas después, la confirmación golpeó con fuerza: se trataba de Félix Bentura Martínez, de 42 años, y sus hijas Johana María, de 20, y Yeraldin, de apenas 9 años, quienes habían desaparecido desde el 4 de marzo en el municipio de Cuyoaco.
La alerta inicial llegó a través de una llamada anónima al 911 que advertía sobre “bultos” sospechosos bajo un puente. Lo que siguió fue el despliegue de autoridades y el inicio de una escena que, más que un hallazgo, se convirtió en una evidencia dolorosa de la violencia que atraviesa la región.
🔎 Claves del caso
- Las víctimas desaparecieron el 4 de marzo de 2026 en Guadalupe Victoria, Cuyoaco, Puebla.
- Fueron privadas de la libertad por sujetos armados que irrumpieron en su domicilio durante la madrugada.
- En el mismo hecho, un menor de un año también fue sustraído, pero posteriormente liberado.
- Los cuerpos fueron hallados el 22 de marzo en “La Caldera”, zona limítrofe Puebla-Tlaxcala.
- Presentaban signos de violencia y avanzado estado de descomposición.
El tiempo, que en la desaparición se mide en angustia, se detuvo para una familia que buscaba respuestas. Félix Bentura Martínez era identificable por un tatuaje de mariposa negra en la pierna derecha; Johana María tenía como seña particular una cicatriz de cesárea; Yeraldin, con apenas 9 años, se convirtió en la víctima más joven de un caso que hoy sacude a dos estados.
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⚖️ Investigación en curso
Autoridades de Puebla y Tlaxcala han iniciado investigaciones conjuntas y, de manera preliminar, el caso se indaga bajo el protocolo de feminicidio, debido a las condiciones en que fueron localizadas las víctimas. Hasta ahora, no se ha informado sobre personas detenidas ni el móvil del crimen.
Hay historias que no deberían repetirse, pero lo hacen. Desapariciones que se convierten en hallazgos, búsquedas que terminan en despedidas. La violencia no solo arrebata vidas: erosiona la confianza, fragmenta comunidades y deja preguntas que el tiempo no puede responder por sí solo.
Hoy, más que nunca, la exigencia no es solo justicia, sino memoria.
✍️ Redacción Puebla En Línea
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