El “huachicol” no ha retrocedido; simplemente ha aprendido a usar una máscara de domesticidad. Lo que antes era una operación descarada a campo abierto, bajo el cielo de la Mixteca o los campos de cultivo, hoy se ha refugiado en la privacidad de lo cotidiano, convirtiendo casas y terrenos bardeados en el nuevo epicentro de una industria criminal que se resiste a morir.
La estadística es una bofetada a las estrategias de seguridad: un aumento del 277% en las tomas clandestinas entre 2023 y 2025. Puebla vive una metamorfosis del delito, donde el crimen ha dejado de ser visible desde la carretera para esconderse detrás de muros, haciendo creer a los vecinos que tras una fachada familiar se esconde, en realidad, una refinería ilegal.
Radiografía de la impunidad
- El salto estadístico: De 48 tomas detectadas en 2023, la cifra escaló a 181 en 2025.
- El volumen de lo robado: En 2025 se aseguraron más de 1.3 millones de litros de combustible, un incremento del 38% respecto al año anterior.
- El nuevo modus operandi: Los grupos criminales ahora adquieren predios sobre la ruta de los ductos de Pemex para excavar desde el interior, evitando los patrullajes.
- La red de riesgo: El robo de hidrocarburo se ha expandido a más de 20 municipios poblanos, incluyendo puntos estratégicos como Tepeaca, San Martín Texmelucan y Amozoc.
- El reclutamiento: Especialistas advierten el uso de menores de edad en estas actividades, aprovechando su tratamiento diferenciado ante la justicia.
Para el investigador Jonathan Carlos Amaro Hernández, el fenómeno es claro: el delincuente ha aprendido a navegar el sistema. Antes, la conexión se hacía a la vista de todos; hoy, se compra la tierra, se perfora el suelo desde la seguridad de un patio privado y se espera a que la noche —o la complicidad— haga el resto. No es solo un tema de falta de vigilancia, es un problema de diseño territorial que ha permitido que la ordeña se integre al paisaje urbano.
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Además del ducto perforado, el “huachicol fiscal” —gasolina importada de forma irregular bajo la fachada de otros productos— y la clonación de pipas de gas LP, completan un ecosistema delictivo que se ha diversificado para evadir la ley. La urgencia por implementar tecnología, como drones de vigilancia, es alta, pero la respuesta parece correr siempre unos pasos detrás de la adaptabilidad de las bandas criminales.
El robo de combustible en Puebla no es solo una estadística de litros sustraídos; es la crónica de un sistema social perforado por la impunidad. Mientras el huachicol siga siendo un negocio rentable oculto tras la puerta de una casa, la ley será un convidado de piedra que llega tarde a la escena de un crimen que ya se ha vuelto parte del vecindario.
Escrito por Redacción Puebla En Línea
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