Cuautitlán, Estado de México.— En una casa de la colonia San Francisco Cascantitla, la violencia no sólo arrebató la vida de dos mujeres. También apagó la de Lola, una pequeña perrita chihuahua cuya única arma fue la lealtad. A pesar de su tamaño, intentó defender a Cindy y a Teresita, madre e hija víctimas de un doble feminicidio ocurrido el pasado 12 de enero, presuntamente a manos de Érick Antonio, expareja de Cindy.
La escena dejó una herida profunda en una familia y en una comunidad que aún intenta comprender la saña del ataque. Cindy y su madre habían decidido vivir juntas desde hacía 15 días, tras la separación de la pareja. Con ellas estaban los dos hijos de Cindy: Ericka Camila y Damián.
- 🕯️ Doble feminicidio en Cuautitlán, Edomex, el 12 de enero.
- 🐕 “Lola”, una perrita chihuahua, murió al intentar defender a las víctimas.
- 👦 Damián, hijo de Cindy, narró el crimen a su tío tras sobrevivir oculto en una habitación.
- 👧 Ericka Camila fue sustraída por su padre y posteriormente localizada por familiares.
- 🐾 Dos cachorros de Lola sobrevivieron y quedaron en resguardo.
El jueves 15 de enero, familiares y amigos dieron el último adiós a Cindy y Teresita en la agencia funeraria Club de Leones, luego de una misa marcada por el silencio y la indignación. Rafael Tavera, hermano de Teresita, describió el crimen como un acto cometido “con violencia y con saña”.
El testimonio más duro llegó desde la voz de un niño. Damián, quien logró sobrevivir al permanecer encerrado en una habitación, relató lo ocurrido a su tío con una frase que hoy pesa como sentencia social:
“Mi papá es mala persona, mató a mi mamá”.
La violencia no terminó ahí. De acuerdo con la familia, el agresor también atacó a Lola, la perrita de Cindy, cuyo cuerpo fue hallado sin vida dentro del domicilio. Para ellos, no hay duda: la chihuahua intentó proteger a su dueña y a Teresita. Murió defendiendo, sin comprender de odios ni de culpas, sólo fiel a quienes amaba.
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Hoy, los hijos de Cindy y los cachorros de Lola comparten una misma orfandad: la de una familia destruida por la violencia. La historia de Lola, mínima en tamaño pero enorme en significado, resume una verdad incómoda: incluso en los actos más crueles, la lealtad puede ser el último gesto de humanidad.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una urgencia nacional: la violencia feminicida no sólo mata mujeres, también fractura infancias y deja cicatrices que ninguna justicia logra cerrar del todo. Recordar a Cindy, a Teresita y a Lola no es sólo un acto de memoria; es un llamado a no normalizar lo intolerable.
Texto: Redacción Puebla En Línea
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