El aire en Huauchinango olía a humedad y desconfianza. Entre los cerros enlodados y las calles aún marcadas por la tormenta Jerry, una voz cortó el silencio con la contundencia que sólo tiene quien carga el peso del poder y de la empatía.
—“Usted me dice que trabaja y ellos dicen que no. Yo le creo a la gente.”
Así, sin rodeos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encaró al alcalde Rogelio López Angulo, quien la observaba visiblemente incómodo mientras los pobladores denunciaban la falta de atención del ayuntamiento ante los estragos de las lluvias.
🌧 “La tormenta no fue lo peor, lo peor fue la indiferencia”
En cada esquina de Huauchinango se respira frustración. Las casas dañadas, los caminos bloqueados y las familias que aún esperan ayuda evidencian que el temporal no fue solo meteorológico, sino también político.
Claudia Sheinbaum escuchó con atención los reclamos de los ciudadanos y, fiel a su estilo directo, marcó distancia de las omisiones locales, enviando un mensaje claro: el gobierno federal no será cómplice del abandono.
Cabe destacar que Rogelio López Angulo no es un recién llegado a la política municipal. Es la tercera vez que ocupa la presidencia de Huauchinango, lo que para muchos vecinos agrava la sensación de desilusión: “Ya tuvo tiempo de aprender”, dicen algunos; “solo aprendió a justificarse”, responden otros.
💬 Una visita que dejó más que promesas
Durante su recorrido, Sheinbaum supervisó los daños ocasionados por la tormenta Jerry y ofreció apoyo inmediato para las familias afectadas. Pero más allá de la ayuda material, su declaración resonó como un símbolo de cercanía con la gente, una jugada política que refuerza su narrativa de sensibilidad social.
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⚖️ Escuchar a la gente, más allá del discurso
En tiempos donde la desconfianza hacia las autoridades parece una constante, el gesto de Sheinbaum tiene un valor simbólico. No se trata solo de un regaño, sino de una lección pública sobre rendición de cuentas.
La frase “Yo le creo a la gente” podría convertirse en el eco de un gobierno que, si bien carga con sus propios desafíos, busca distanciarse de la soberbia que tantas veces ha marcado la política local.
Porque al final, en los pueblos serranos donde la lluvia golpea fuerte y la ayuda tarda, la palabra del pueblo pesa más que cualquier informe oficial.
Texto escrito por Redacción Puebla En Línea
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