En Puebla, las calles siguen limpias gracias a ellas.
Con escobas en mano, chalecos naranjas y jornadas que inician antes del amanecer, las trabajadoras del Organismo Operador del Servicio de Limpia (OOSL) —mejor conocidas como “las naranjitas”— han sido símbolo de esfuerzo y constancia en la ciudad.
Sin embargo, detrás de las sonrisas y el deber cumplido, se arrastra una inconformidad que no se barre tan fácil: bonos incumplidos, carencias de materiales y una larga lista de promesas que aún esperan cumplirse.
🧾 “Están satisfechas”, asegura el coordinador del OOSL
Durante su comparecencia como parte de la glosa del primer informe del alcalde José Chedraui Budib, el coordinador del OOSL, Omar Rodríguez Corte, aseguró que las trabajadoras “se mantienen satisfechas”, pues —según dijo— han aceptado los apoyos brindados por el Ayuntamiento.
Entre esos apoyos mencionó boletos para los Pericos de Puebla, acceso al Banco de Alimentos, jornadas médicas, y hasta servicios gratuitos de corte de cabello y manicure.
Una declaración que contrasta con la realidad que las propias trabajadoras han denunciado en más de una ocasión.
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💸 Paros laborales y quejas constantes
En al menos tres ocasiones, las empleadas del servicio de limpia han realizado paros laborales, reclamando el incumplimiento en el pago de dos bonos cuatrimestrales de 800 pesos cada uno, correspondientes a febrero y agosto.
Además, señalaron que el OOSL es una de las dependencias más descuidadas del municipio, con falta de personal y materiales básicos para realizar sus labores.
“No pedimos lujos, pedimos guantes, uniformes y el pago justo de lo que nos prometieron”, expresó una trabajadora durante una de las manifestaciones recientes.
En la narrativa oficial, las naranjitas están “contentas y apoyadas”.
En la vida real, muchas siguen barriendo el abandono institucional con la misma escoba con la que limpian las calles.
Porque, aunque el discurso pinte de naranja la realidad, el brillo del uniforme no alcanza a ocultar las sombras de la precariedad.
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