El restaurante, conocido por sus platillos poblanos y su casona colonial de más de 200 años, anunció la venta de mesas, refrigeradores, estufas y equipo de cocina; no ha revelado por qué bajó definitivamente la cortina.
Doce años de servicio, una casona con historia y una carta de más de 170 platillos forman parte del legado que deja El Viejo Rosario, restaurante que cerró definitivamente sus puertas en el Centro Histórico de Puebla y ahora vende el mobiliario y equipo con el que atendió a sus clientes.
El establecimiento, ubicado sobre la avenida 8 Oriente, colocó anuncios para ofrecer sus muebles, utensilios y aparatos de cocina. A través de un mensaje, también agradeció a quienes lo visitaron y compartieron momentos en sus instalaciones.
Entre los artículos disponibles se encuentran mesas, sillas, estufas, ollas, refrigeradores, licuadoras, charolas, cristalería, cubiertos, percheros, lámparas y mesas de trabajo. De acuerdo con el anuncio, los productos están en excelente estado.
Las personas interesadas en adquirir alguno de ellos pueden solicitar información en el teléfono 221 917 9044.
Una casona histórica que también era parte de la experiencia
El Viejo Rosario no solo era conocido por su comida. El restaurante funcionaba en una antigua casona de arquitectura colonial porfiriana, con más de 200 años de antigüedad, que también había albergado un hostal.
Su influencia española, el mobiliario de época y los detalles arquitectónicos daban al lugar una identidad particular. Incluso, uno de sus espacios conservaba una historia singular: los baños de mujeres estaban ubicados en lo que originalmente había sido la cocina tradicional de la vivienda.
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Los sabores poblanos que distinguieron al restaurante
Durante sus años de operación, el establecimiento ofreció más de 170 opciones de comida mexicana y poblana. Entre sus platillos más representativos estaban los chamorros con mole poblano o pipián verde, además de los churros gigantes de azúcar y el tradicional café lechero.
Su menú también incluía costillar a la marimba, pozole y chilaquiles, así como chiles en nogada durante la temporada correspondiente.
Por ahora, los responsables de El Viejo Rosario no han explicado los motivos de su cierre definitivo. La venta del equipo marca el final de una etapa para el negocio, mientras que la historia del inmueble permanece como parte del patrimonio arquitectónico del Centro Histórico.
La desaparición de un restaurante no significa únicamente que se apagan los fogones: también se pierde un espacio de encuentros, celebraciones y costumbres. En una ciudad donde la gastronomía es parte de su identidad, cada cierre deja una pregunta sobre el futuro de sus negocios tradicionales.
Escrito por Redacción Puebla En Línea
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