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Nadie le creyó a mi hija: mamá de la víctima de Fabbro

L. tiene 38 años y vive junto a sus tres hijos en Villa Lugano. No quiere ser identificada y por eso la llamaremos L. Es la mamá de M., la nena que habría sido abusada por Jonathan Fabbro. Tras conocerse la noticia que la justicia pidió la captura internacional del jugador de fútbol, decidió hablar por primera vez y este es su testimonio.

“Hay un juez llamado tiempo, que todo pone en su lugar”. L. confía en la justicia. En abril pasado su vida cambió para siempre. Su hijo mayor había leído los chats que Fabbro mantenía con la hermana menor y decidió avisarle. “Me lo comunican entre ella, mi mamá y mi hijo, porque yo estaba trabajando. Lo primero que hice fue salir corriendo para casa porque no entendía mucho. Eran gritos y llantos por teléfono y “venite ya”. Me pidió que hablara con mi hijo, que él me lo contara”.

M. sigue yendo al mismo colegio y le apasionan los deportes. Su actividad favorita es el handball. “La nena está queriendo volver a su vida habitual, le cuesta muchísimo, es difícil. Le cuesta hacer actividades normales como las otras nenas. a veces pasa la semana entera recluida en su habitación. Los profesionales me dicen que ella va a ir haciendo sus duelos, su proceso. Se hace difícil porque ella va cambiando de carácter. Hay palabras y temas que uno tiene que tratar de no tocar o decir porque, sin quererlo, le podes hacer daño. En mi casa cambió absolutamente todo”.

 

“Es difícil porque esto lo vivió ella. No lo viví yo, ojalá lo hubiera vivido yo y nunca ella. L. siente que sobreprotege a su hija, pero con la ayuda de los psicólogos están haciendo muchos avances. “Como mamá, cuando pasan estas cosas, la quieres meter adentro de una caja y que no salga, ni nada. Pero está mal. Tiene que seguir con su vida como si nada hubiera pasado”. De repente y de la nada, en distintas ocasiones M. recuerda lo que le pasó. “Tiene miedo a que le pase a otro.”

 

Jonathan Fabbro tenía un lazo directo con la víctima. Conoce a su familia hace 27 años. “La relación entre ellos era cercana”, reconoce L. “Yo lo veía muy poco. Cuando pasó esto evité todo tipo de contacto. Como madre le informé al padre lo que estaba pasando”.

 

“Esto puede pasar en una red social o en tu propia casa y no darte cuenta. O puede estar todo en evidencia y no lo ves porque nunca esperas que algo así pase. Jamás. Menos teniendo la confianza y el cariño que se le tiene a las personas que hacen esto. No es un caso aislado, que la nena volvía del colegio y la agarró un desconocido. No lo ves venir, jamás imaginas algo ni parecido y cuando pasa te golpea y te mata. Te mata todo lo que vos tenía de esa persona, es un golpe horrible. Yo no siento odio, tengo mucho dolor, mucha desilusión, mucho ¿por qué?”.

 

L. acudió a la Comisaría 52° de la Policía de la Ciudad en Villa Lugano para denunciar a Fabbro, una denuncia que se convirtió en una causa penal en el Juzgado N°32 a cargo del doctor Santiago Quian Zavalía. La calificación: abuso sexual con acceso carnal agravado por vínculo. La pena máxima: 20 años de cárcel. Allí empezó una batalla muy difícil. “Nadie le creía. Los que estuvimos al lado de ella, sus hermanos, su abuela, yo, su papá, sí le creímos. Los demás no”.

 

El juez valoró el relato de la víctima, primero repetido por la madre y luego la declaración de la nena ante una psicóloga en cámara Gesell del Cuerpo Médico Forense a comienzos de septiembre pasado. La psicóloga determinó que el relato fue verosímil. La nena no solo no fabuló en sus dichos sino que presentó síntomas compatibles con un abuso sexual. En el expediente también están sumados como prueba las capturas de pantalla de conversaciones de Whatsapp entre la nena y el ex River. En la conversación el futbolista pide que le envíe fotos de manera insistente.

 

“Quiero justicia por mi hija, eso la va ayudar a ella a terminar de cerrar todo este mal y nos va a sanar a todos como familia”. L. dice que la fe la mantiene en pie. “Soy el sostén de mis hijos, si yo me caigo caen ellos. Tengo que estar ahí. Yo siempre quise una familia, en un momento de la vida el cuento de hadas se rompe pero yo vivo para mis hijos. Amo mis hijos, son mi motor”.

 

L. siente que se convirtió en la mujer que es hoy con los golpes que le dio la vida. “Yo no era así. Era una persona que vivía abajo del ala de un protector y de repente tuve que salir a la vida. Es cierto cuando dicen que los golpes enseñan y te hacen duro”.

 

“M. es una nena que es un amor. Ojalá el día de mañana no la cambie todo esto. Quiero que sea la mujer fuerte y cariñosa y amable que es, que no cambie y tenga esa esencia. No la dejo bajar los brazos”.

Vía Diario Cambio

 

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