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Asalto a mujeres en Parques Industriales de Puebla, una pesadilla de cada quincena

Los días de quincena se convierten en una auténtica pesadilla principalmente para las mujeres que laboran en el segundo turno del centenar de fábricas instaladas en el Parque Industrial Finsa de Puebla, debido al incremento de asaltos con violencia en la zona y la falta de transporte público nocturno.

Al salir de su trabajo, María de la Luz Sánchez, auxiliar de almacén en una de tantas fábricas, busca nerviosa a un grupo de compañeros para caminar juntos en penumbras la calle Vicente Guerrero, y así evitar que sea asaltada o violentada.

 

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La calle que comunica a Finsa con el fraccionamiento “Viveros de Sanctorum”, donde renta una vivienda desde hace tres años, no cuenta con alumbrado público ni vigilancia de la policía municipal de Cuautlancingo.

La mujer que apenas rebasa los 35 años de edad cambió su lugar de domicilio de la colonia San Rafael Poniente de la capital poblana a la junta auxiliar de Sanctorum, para estar cerca del trabajo y pasar más tiempo con sus hijos.

Sin embargo, todas las noches vive la continua angustia de ser asaltada y atravesar algunas cantinas disfrazadas de “restaurantebar familiar”, en el trayecto a su morada.

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La caminata de 20 minutos, a falta de vehículo propio y de la circulación de transporte público, es una tortura para María, quien ha pensado juntar dinero para comprarse una bicicleta que agilice su traslado, para no convertirse en “presa” fácil de robos y abusos.

Como muchas mujeres en Puebla, es madre soltera de dos menores que todas las tardes se cuidan solos después de salir de clases.

La falta de policías y guardias de seguridad privada ha convertido las calles aledañas al Parque Industrial Finsa en una madriguera de maleantes que salen a “trabajar” como religión los días 15 y 30 de cada mes.

De los tres años que lleva laborando en la fábrica, María refiere que ha corrido con mucha suerte: solo ha sido asaltada dos veces, una de ellas además de quitarle el dinero que llevaba en efectivo –después de salir del único cajero de Bancomer en el área– fue despojada de su bolso, celular y hasta de los zapatos.

Esa noche, relató que regresó a su casa descalza, con ampollas y el llanto a flor de piel.

La mayoría de los obreros del segundo turno, a excepción de quienes laboran para la planta Volkswagen que cuentan con transporte propio, transitan en bicicleta o a pie.

Si corren con suerte, los trabajadores alcanzan los últimos camiones y microbuses para quienes concluyen su trabajo a las 22 horas.

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En las mismas unidades de transporte también tienen que lidiar con los asaltos a punta de pistola o navaja por parte de delincuentes que se hacen pasar por pasajeros y hasta vendedores ambulantes.

Mientras el “truco” común en los asaltos a cajeros bancarios es el de la persona que llega y no sabe utilizar la máquina. En lo que pide ayuda de algún “inocente” para usar el aparato, saca una navaja o arma de fuego con la que amaga al trabajador hasta despojarlo del último peso.

Los robos a obreros no son propios del Parque Industrial Finsa, ya que según denuncias de las víctimas es recurrente en el Parque Industrial Bralemex, Cuautlancingo, 5 de Mayo, Xochimehuacan, Puebla 2000 y La Resurrección.

Vía La Jornada de Oriente